Mi 2019 en 19 platos

El segundo año de este blog no ha podido darme más alegrías. Crecimiento, noticias positivas, La Voz de Almería apoyando el proyecto (gracias enormes) y, sobre todo, un montón de nuevos gastroamigos que se han subido a este carro repleto de sabores y aromas.

Igual que hice en 2018, me apetecía recopilar en un artículo las creaciones culinarias que, por una u otra razón, han dejado huella en mí. No sé lo que será de nosotros en 2020, lo único que sí deseo es poder seguir recolectando esas pildoritas de amor que me dais en forma de ‘like’, comentarios o saludos cordiales cuando nos cruzamos por la calle. Para haceros más sencillo este paseo por este año bloguero, he enlazado los posts en los que ha aparecido cada plato en el nombre del restaurante.

Mucha salud para todos.

Para ir abriendo boca

Bao de cerdo Pekín (Salitre bar de vinos)

El gran descubrimiento gastronómico del año, sin duda, es este local. Un bar diferente, con una gran personalidad y la más firme intención de elevar el nivel de las barras a base de experiencia, conocimiento y enormes dosis de calidad. Me quedo el bao, tierno, jugoso y repleto de sabor, porque es la que nunca me falta cuando paso por allí. Pero podría hacer toda una lista con la carta de Salitre. No os lo podéis perder.

Bao de cerdo Pekín de Salitre
Steak tartar (Taberna Entrefinos)

Posiblemente, el mejor tartar que he probado en Almería. Tienen la costumbre de elaborarlo en directo, delante del comensal, y de hacer caso a las indicaciones del mismo a propósito del aderezo de una carne de buey de primera calidad.

Steak tartar de Entrefinos.
Tosta de boletus con parmesano (La Mala)

Cada vez que la pruebo, no me puedo resistir a decirlo: la tapa con más personalidad de la ciudad. Parece imposible que esa combinación de sabores y, sobre todo, de texturas, pueda acabar funcionando. Da la impresión de que fuera a estallar en mil pedazos con tan solo tocarla, pero la explosión que provoca siempre acaba siendo en el paladar. Tan crujiente como tierna y tan suave como especiada y picante al mismo tiempo. Atreveos.

Tosta de boletus con parmesano.

Las tradicionales

Berza (Bodeguilla La Contraviesa)

Pongo este plato porque lo recuerdo con especial cariño, pero valdría cualquiera de sus pucheros, que también sirven en menús del día. Callos, cocido, lentejas… No obstante esta berza tiene algo especial. Ese aspecto compacto que solo dan las horas al fuego. Esa tradición que chorrea por cada centímetro del plato.

Berza de Bodeguilla La Contraviesa.
Callos (El Ancla)

De las decenas de tapas de callos que he probado este año, quizás esta sea la que más me ha satisfecho. Para que este plato roce la perfección, bajo mi punto de vista, debe aunar varias cualidades: una carne limpia, el caldo trabado, el punto de picante apropiado y, por supuesto, ese golpe potente de sabor tan característico. Los del Ancla los aúna todos.

Callos de El Ancla.
Trigo (El Quinto Toro)

Hay pocas especialidades que en esta taberna no borden. Pero, aunque solo sea por la intermitencia, por esa incertidumbre de no saber cuándo te los vas a encontrar, me apetecía subrayar la olla de trigo de El Quinto Toro y recomendaros que no faltéis a vuestra cita con la cuchara cuando tengáis la oportunidad. Aprovechad ahora, que aún pervive.

Trigo de El Quinto Toro.
Judías pintas con calamar y setas (Restaurante Las Eras)

Mi reciente visita a las eras para degustar su menú micológico fue un aluvión de sensaciones difícilmente descriptible en tan solo un párrafo. Por eso, me quedo con la originalidad, el aroma y el amor que desprende este puchero. El ejemplo perfecto de como Antonio Gázquez lleva su maestría a las marmitas.

Judías pintas con calamar de potera, gamba roja, chantarella, boletus y famigliola de Las Eras.
Trigo (Bodega Las Botas)

Una enorme sorpresa volver a este mítico bar del centro de la capital y comprobar que sigue siendo uno de los buques insignia de la gastronomía local. Pocas propuestas fallan en su carta, pero es que esta tapa de trigo hizo que se me pusieran los pelos del cogote como escarpias.

Trigo de Las Botas

Las exóticas

Curry rojo de pescado (Café Cyrano)

La carta de Cyrano cambia, por suerte, tan a menudo como el viento en Almería. Esta era una de sus tapas especiales estrella hace no mucho y, si tenéis la ocasión de volver a verla por su pizarra, no la dejéis escapar. Un curry en su punto justo de intensidad que te conquista y te coge de la mano para una vuelta al mundo en unas pocas cucharadas.

Curry rojo de pescado de Cyrano.
Taco pastor (Las Patronas)

Este restaurante mexicano se ha convertido en una de las sensaciones gastronómicas de Almería desde que abriera su local en el centro de la capital hace unos meses. Lo habitual es encontrar siempre su salón de bote en bote y no sin razones. En lo personal, una de mis aficiones favoritas es sentarme a compartir con un amigo su carta de tacos junto a unas cervezas. Pero si tengo que quedarme solo con uno, escojo este eléctrico y chispeante pastor.

Taco pastor de Las Patronas.
Pollo korma (El Candil Hummusería)

Esta ha sido de las tapas que más me ha emocionado durante el 2019. Me tuvo días obsesionado con ese gusto a especias orientales y la textura de su salsa. Por desgracia, ha llegado a mis oídos que la gerencia del local ha cambiado de manos, por lo que no puedo asegurar su permanencia o la integridad de la receta. Probadla y me contáis.

Pollo korma de El Candil.

Los platos principales

Lasaña (Brusketta La Sarda)

Dicen los italianos que la lasaña gana puntos conforme va tomando horas de reposo. Esta es una gran ventaja a la hora de prepararla para el formato de tapas tan propio de nuestra tierra. La de la Brusketta va mejorando en cada ocasión que la pruebo, y ya no puedo pasar por allí sin exigir mi pedazo de este manjar transalpino.

Lasaña de Brusketta La Sarda
Soul trufa (Motown Soulfood)

Una de las hamburguesas más espectaculares que puedes comer en esta ciudad. Carne y pan de calidad acompañados por una salsa de trufa que abraza el conjunto y te hace gemir bocado tras bocado.

Soul trufa de Motown.
Pizza cuatro quesos (Buono)

Otro de mis grandes hallazgos en este último año. La tradición pizzera italiana asentada ya en el Paseo Marítimo. Y es que cualquiera de sus pizzas estoy seguro de que os va a encantar, gracias al tratamiento exquisito y respetuoso de la base fundamental de todo este arte: la masa. En lo personal, me quedo con esta, por pura devoción hacia todo tipo de quesos.

Pizza cuatro quesos de Buono.
Fritura de pescado (Bar Aguamarga)

Uno de los bares especialistas en pescado más completos y menos reconocidos de la capital. Espectacular en cada una de sus formas, pero todo se sublima en la fritura, marca de la casa, que te deja boquiabierto. No solo porque el producto es fresco y de calidad, sino porque encuentras detalles como las gambas, que no suelen darse en este tipo de elaboraciones.

Fritura de Aguamarga.

Para el postre

Tarta de queso curado (Salitre Bar de Vinos)

Me parece justo que el local que más me han encandilado desde hace años tenga una doble plaza en este top del Gastrolopitecus. Y no sin méritos, porque la tarta de queso que hacen allí no tiene parangón con nada de lo que hayáis probado antes. La amaréis y no podréis quitárosla de la cabeza.

Tarta de queso curado de Salitre.
Brownie (Mr. Lemmon)

Y tras una más que interesante comida, el propietario me lanza un reto: “No has probado un brownie como el nuestro”, espeta. Mi cara, como un poema, acepta el desafío y se me presenta ante mí un manjar chocolateado que aún resuena en mis papilas contoneando las caderas.

Brownie de Mr. Lemmon.
Tarta de queso (El vino en un barco)

La tarta de queso como debe de hacerse. Canónica, cuasi perfecta: suave, poco hecha, equilibradamente dulce y de un magnetismo arrebatador. Cuenta sus devotos por decenas y cada vez cuesta más encontrarla si uno no se da prisa.

Tarta de queso de El vino en un barco.
Helado de limón y jengibre (Helados del Desierto)

Escojo esta variedad porque, cuando la probé, con un sol de julio que te golpeaba inmisericorde, el frescor ácido de esta receta supuso como encontrar agua en medio del Sahara. Uno podría escoger prácticamente cualquiera de sus variedades y convertir su día en algo memorable.

Helado de limón y jengibre de Helados del Desierto.

Hasta aquí llega el resumen de este año 2019 para El Gastrolopitecus. Me encantaría que me comentarais si habéis probado alguna de estas sugerencias y que compartáis vuestras propias experiencias que os han marcado en los últimos 12 meses.

¡Gracias, gracias y mil gracias!

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