Comiendo por la Almería interior: La Posá del Tío Peroles (Abla)

Urb. La Solana, Calle Azucena, 11 (Abla)

Una de mis muchas carencias como bloguero gastronómico es el enorme desconocimiento que tengo sobre esta provincia que tan bien nos da de comer. He viajado poco por nuestras tierras y, en las ocasiones que tal evento se ha producido, no he prestado demasiada atención a la procedencia de mis alimentos.

Es ahora, con las primeras canas floreciendo en mis patillas, que empiezo a valorar lo mucho y bueno que se ofrece desde el Cabo de Gata hasta la Sierra de María.

Por esa razón, hace unas semanas me propuse recorrer poco a poco el tan olvidado interior almeriense, ahora que el invierno se acerca, para tratar de dar valor a esos municipios que brillan con menos fuerza en comparación al popular panorama costero.

Para embarcarme en esta empresa, consulté tanto a mis seguidores en las redes como a distintos comedores insignes de referencia para elaborar una extensa lista que podéis consultar en las historias destacadas de mi cuenta de Instagram. Y como había que empezar por algún sitio, tras unas cuantas conversaciones sobre pueblos de buen comer, finalmente decidí comenzar por este que nos ocupa hoy: La Posá del Tío Peroles (Abla)

Tradición recuperada

Como bien indica su nombre, este establecimiento antaño servía a los viajeros como parada en su camino desde o hacia la Sierra Nevada, para el que Abla es paso casi obligatorio. Hoy, aquella fonda alberga también uno de los restaurantes más reconocidos de la zona, en la que aún es posible hacer noche en un edificio rebosante de encanto.

La Posá del Tío Peroles conquista desde que uno pone el primer pié en sus instalaciones. Una casa señorial en perfecto estado de conservación y salpicada de enredaderas y macetas aquí o allá que te acogen como un manto verde. Un patio de luces esplendoroso hace de antesala de su comedor, decorado con aperos de labranza. Preside en el centro de la estancia una chimenea que, según cuentan, arde en los días de invierno.

Brasa, setas y caldero

La carta de la Posá no quiere ir ni un paso más allá de donde debe. Justa, sencilla y directa. La fama que le precede apunta hacia sus excelentes carnes a la brasa y, en temporada, las preparaciones con setas de la zona. En nuestra visita, nos decantamos por un menú de fin de semana que, al precio de 15 euros, te sacia a base de bien con un entrante, primero, segundo y postre.

Tras la ensalada mixta de rigor. Sin aspavientos, pero que cogemos con gusto tras el paseo matutino por el pueblo, nos adentramos en los primeros: Un salmorejo con un agradable punto extra de ajo, aunque con la textura de robot de cocina que ya se ha impuesto casi en todos los restaurantes y que no termina de convencerme; sopa de picadillo, que entra de lujo con la rasca que empieza a arreciar y que resultaba muy agradable por su intensidad; y un trigo que me sorprendió por ser muy diferente al puchero con hinojos al que estoy acostumbrado, pareciéndose más bien a un (buen) cocido al uso al que se le añade el grano.

Los segundos suben sin duda el nivel. En especial ese conejo frito, que les queda en su punto justo, con toda su jugosidad. Albóndigas fritas, que sirven sin salsa. En lugar de eso, una carne picada de calidad, no demasiado grasienta, bien especiada con ajo y perejil. El tercero de ellos es una cinta de lomo a la brasa: jugosa y correcta, aunque sin mayor emoción. Todos acompañados por unas patatas a lo pobre con pimientos que por sí solas harían merecer la pena un plato.

Para mi sorpresa, los postres no decaen ni un mínimo la calidad del resto de la comida. Aunque la tradicional crema de almendras y el arroz con leche, de esos trabaditos, son para nota, la palma se la llevan esas natillas coronadas con su galleta María: todo un regreso a la infancia en unas cuantas cucharadas.

Supongo que muchos de vosotros ya habréis conocido los encantos de esta posada, especialmente si sois asiduos de la zona. Es un clásico con generaciones a sus espaldas que ha sabido conservar su espíritu intacto hasta el día de hoy. Yo lo marco en rojo en mi particular mapa y procuraré tenerlo en cuenta en mis próximas visitas, en especial, cuando tenga la ocasión de probar sus famosas setas. Hasta entonces, quedo a vuestra disposición para sugerencias, notas y apuntes sobre la Almería interior.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Gines Nicolas Martínez dice:

    Visita El Nido en Roquetas y hazle una critica merece la pena

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