La Marmita: cocina de altura sin complejos

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Ascendiendo por la arteria principal de Macael, la calle Pedro Tapia Espinosa, donde se celebran algunos de los eventos más llamativos del municipio, se alza elegante un edificio redondeado, en blanco y negro, que rompe estéticamente con todo lo que le rodea.

Es el Restaurante La Marmita, un lugar que abrió sus puertas hace poco menos de un mes y que llega con la firme intención de dar un vuelco al panorama gastronómico de la comarca y, con el tiempo, convertirse en una referencia en la provincia. Lo hace bajo la batuta de tres empresarios y amigos que ya han saboreado el éxito con su anterior negocio de hostelería (Consigliere): Rafael Navarro, Luis del Pino y Carlos Javier Moma. Este último es, precisamente, quien está al cargo de los fogones, en su primera aventura como jefe de cocina tras pasar por Los Membrives (Macael), Jardines La Tejera (Olula del Río) y experiencias en Andorra y Mallorca.

Fachada del Restaurante La Marmita (Macael)

Cercanía y sencillez sin complejos

Los tres socios de La Marmita cuentan con la gran ventaja de jugar en campo propio. Nacidos y criados en Macael y con un recorrido como empresarios y trabajadores en su propia tierra, lo que les vale para haberse hecho una buena idea de quién es su público qué es lo que demanda. Esto lo aplican sin ningún complejo a su concepto de negocio, que busca, sin renunciar a nada, la excelencia. Una breve charla con los propietarios es suficiente para darse cuenta de que sus palabras están sustentadas por toneladas de esfuerzo. Sin embargo, al mismo tiempo que quieren ofrecer lo mejor a sus clientes, no dejan de tener los pies en la tierra, dando espacio también a lo sencillo, al momento informal y cercano. Esto lo consiguen gracias a un amplio espacio, dividido en varias áreas y dos plantas que puede transformarse a necesidad convirtiéndose en bar, restaurante, salón-comedor y terraza para unas cervezas rápidas.

Luis de Pino y Rafael Navarro

Una carta versátil

Ese concepto ambivalente que recalco se certifica en lo más importante de un restaurante: su carta. A La Marmita puede acudir tanto el que busque acodarse en una barra o una mesa alta y disfrutar de una charla amena y unos vinos con amigos como el que desee liarse la manta a la cabeza y sentarse de mesa y mantel, postre y copa. El concepto que firma su chef trata de abrazar distintos paladares, con una firme base de la cocina local que se deja ver en los platos de cuchara o los arroces; y se entremezcla con influencias orientales y sudamericanas. Como joya de la corona, a la vista de todos, llama poderosamente la atención una cámara de maduración que guarda tesoros cárnicos que, sin duda, dan un toque distintivo a este restaurante: lomo alto de vacuno mayor o el tan popular ‘Tomahawk’ decoran esta vitrina.

Degustación a baja temperatura

Para mi visita prepararon una demostración especial en la que sacaron a relucir las capacidades de una cocina en la que se ha hecho una poderosa inversión en el plano técnico. Un mano a mano entre Carlos Javier Moma y el chef invitado, Antonio Alarcón, donde brillaron con luz propia las elaboraciones a baja temperatura que tan de mi gusto son. Para mi recuerdo se queda un ‘sam’ coreano de panceta LT con mango y chili dulce y aquella costilla glaseada con yakitori acompañada de unos crujientes chips de yuca.

La visita a La Marmita es ya obligada si uno hace parada en la zona del Almanzora. Ahora queda por confirmar, tal y como apuntan las maneras estos tres emprendedores, si su restaurante se acaba convirtiendo en un lugar de peregrinación no solo para la gente de la comarca, sino para cualquiera que desee disfrutar de la buena comida en Almería. Mimbres les sobran.

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